Después de cuatro años de búsqueda ininterrumpida, Jacqueline Palmeros localizó los restos de su hija Jael Monserrat, quien había desaparecido en la Ciudad de México. El hallazgo ocurrió en una barranca del Ajusco, entre basura y tierra, en un punto que durante años fue ignorado por las autoridades pese a las insistentes solicitudes de la madre.
Desde la desaparición de Monserrat, Jacqueline dejó su vida cotidiana para convertirse en buscadora. Recorrió cerros, barrancas y zonas de alto riesgo, enfrentando condiciones extremas, falta de apoyo institucional y la indiferencia oficial. Su motivación fue una promesa personal: encontrar a su hija, sin importar cuánto tiempo tomara.
El hallazgo marcó el fin de una búsqueda, pero también evidenció la crudeza de la crisis de desapariciones en el país. Jacqueline relató que el sitio donde finalmente encontró a su hija había sido señalado anteriormente, sin que se realizaran acciones de búsqueda exhaustivas.
A partir de su experiencia, Jacqueline impulsó el colectivo “Una Luz en el Camino”, dedicado a acompañar y apoyar a otras familias que buscan a personas desaparecidas. El colectivo se ha convertido en un espacio de solidaridad, orientación y resistencia para decenas de madres y padres en situaciones similares.
La historia forma parte de un documental que expone no solo la tragedia personal de una familia, sino también la fuerza de las buscadoras y la urgencia de que el Estado atienda con seriedad y sensibilidad la problemática de las desapariciones. El testimonio de Jacqueline se suma a las voces que exigen verdad, justicia y memoria.





