En Apatzingán, Michoacán, un acto de desesperación y protesta se hizo visible en las calles: productores de limón decidieron tirar al suelo su cosecha completa, luego de que el precio del fruto cayera drásticamente en los últimos días.
La escena —limones rodando por el pavimento bajo el sol— refleja una profunda crisis en el campo michoacano. Los agricultores denunciaron que el valor actual del producto no alcanza ni siquiera para cubrir los costos de cosecha, transporte y empaque, por lo que continuar vendiendo representa una pérdida constante.
“El limón ya no vale nada. Lo que ganamos no nos alcanza ni para pagar la gasolina o los trabajadores. Por eso mejor lo tiramos, porque trabajar así no tiene sentido”, declaró uno de los productores afectados.
En distintas zonas de Apatzingán, se reportaron montones de limones esparcidos sobre las calles, simbolizando la frustración y el desánimo de cientos de familias que dependen de esta actividad agrícola. La caída de precios ha sido atribuida a la sobreoferta en el mercado, la intermediación abusiva y el encarecimiento de los insumos agrícolas.
El sector agrícola de Michoacán, uno de los principales productores de limón en México, enfrenta desde hace meses un escenario adverso que amenaza con poner en riesgo la economía local. Organizaciones campesinas y productores han hecho un llamado a las autoridades estatales y federales para establecer apoyos directos, revisar los mecanismos de comercialización y garantizar precios justos que permitan sostener la producción.
El verde que antes representaba esperanza, hoy se mezcla con el polvo de la impotencia en una de las regiones más emblemáticas del campo mexicano.







