El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) anunció oficialmente su cierre definitivo, marcando el fin de una era de más de una década en la regulación de las telecomunicaciones en México. A partir del 17 de octubre de 2025, el organismo dejará de operar, sus redes sociales quedarán inactivas y se suspenderá la atención a usuarios.
Desde su creación en 2013, el IFT fue el árbitro entre los consumidores y las grandes empresas del sector como Telcel, AT&T, Izzi, Total Play y Megacable. Entre sus funciones estaban regular el espectro radioeléctrico, otorgar concesiones, promover la competencia y proteger los derechos de las audiencias y usuarios.
Con su desaparición, entra en funciones la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT), un nuevo organismo que sustituirá al IFT. El Senado ratificó el pasado 14 de octubre a sus cinco comisionados: Ledénika Mackensie Méndez González, María de las Mercedes Olivares Tresgallo, Adán Salazar Garibay, Tania Villa Trápala y Norma Solano Rodríguez.
Sin embargo, la transición no ha estado exenta de polémica. A diferencia del IFT, la CRT no será un órgano autónomo, sino que estará adscrita a la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT), dependiente del Ejecutivo federal. Cuatro de los cinco comisionados ya trabajaban en esa misma agencia, lo que ha generado críticas sobre la posible pérdida de independencia en la toma de decisiones regulatorias.
El cierre del IFT ha sido complejo: 133 trabajadores de libre designación aún esperan su liquidación, mientras que otros 450 empleados que fueron finiquitados tuvieron que ser recontratados temporalmente para apoyar en el proceso de transición. Los usuarios que intentan comunicarse con el organismo solo reciben una grabación que los redirige a la Profeco o a la ATDT.
En su mensaje final, el IFT expresó:
“Durante más de una década trabajó con firmeza, independencia y compromiso para impulsar el desarrollo eficiente de las telecomunicaciones. Nos despedimos con orgullo por lo construido y con un profundo agradecimiento a la sociedad por la confianza depositada”.
Con esta desaparición, México pone fin a su primer modelo autónomo de regulación en telecomunicaciones. Ahora, la gran pregunta que queda es si este nuevo esquema fortalecerá los servicios de internet y telefonía, o si, por el contrario, significará un retroceso en la independencia y equilibrio entre el Estado y las empresas del sector.



